Ventanilla-.
Llevo apenas dos años y nueve meses en
el mundo de la aviación comercial. Sin duda los horizontes se han abierto y me
encuentro de pie frente a un cielo despejado.
La aviación venezolana y
el transporte aéreo nacional han vivido duros momentos y se encuentra
batallando para seguir prestando un óptimo servicio a una clientela ávida por
viajar.
Cada día las distintas
empresas de transporte aéreo, sobre todo Avior Airlines de cuyo equipo me
siento honrado en permanecer, hacen lo imposible posible.
Por encima de las
tempestades económicas y las restricciones de toda índole, los aviones despegan
y aterrizan llevando consigo a millones de clientes que logran mantener su ritmo
de vida, satisfaciéndoles sus necesidades de comunicación aérea ya sean estás movidas
por el placer o los negocios.
Venezuela fue un eje
central de las comunicaciones aéreas del Continente y lo puede volver hacer.
Nuestra posición geográfica sigue siendo la misma que ha llenado de enviada a
otras naciones.
Frente al Mar Caribe,
somos una nación que representa tanto la puerta de entrada para Suramérica como
la de salida hacia las Antillas.
Nuestra ubicación es
esencial para la geopolítica y para los enlaces comerciales. De allí que la
importancia estatal de la inversión en infraestructura aeroportuaria es vital.
El Aeropuerto
Internacional Simón Bolívar en Maiquetía, así como el Arturo Michelena en
Valencia, el José Antonio Anzoátegui de Barcelona y el de La Chinita en Maracaibo
tienen que ser repotenciados para atender el flujo de pasajeros que están
llamadas a transitar por sus pasillos.
Además de las bondades
turísticas que poseemos en la “Tierra de Gracia”, tema para otro artículo,
Venezuela siempre ha despertado un interés particular para aquellos que quieran
invertir, y así lo ha demostrado la historia.
Las diversas empresas
aeronáuticas están dispuestas a trabajar mejorando su flota, capacitando a su
personal, desplegando la tesis de Servicio de Calidad Total e invirtiendo en
mejoras en instalaciones de comercialización, todo para que el negocio crezca y
con este el potencial venezolano.
Formo parte de una gran
organización que actualmente opera hacia nueves destinos internacionales y aún
nos faltan por sumar nuevos destinos.
Desde la ventanilla del
avión vislumbro una nueva era para la aviación venezolana, para el turismo,
para los operadores turísticos y para todo nuestro país.
Abróchense los
cinturones. ¡Sí! Porque cada vez son más los venezolanos que quieren echarle
pichón y ayudar a que nuestra economía avance y con ella toda la población que
se beneficiará.
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