Ventanilla-. Sí, Venezuela sufre una crisis
hotelera. Cuando observamos el universo de los prestadores de servicio en el
área de hospedaje nos percatamos que estamos en números rojos.
Salvo
la ciudad de Caracas, donde aún persiste la presencia de grandes, medianos y
pequeños hoteles con una dinámica relativamente estable, en otras zonas
turísticas del país nos percatamos que la realidad es paupérrima.
Por
ejemplo en la Isla de Margarita, epicentro turístico nacional, nos hemos
quedado asombrados como ha caído el número de hoteles realmente funcionales y operativos,
y cómo la calidad de muchos de los que aún funcionan se ha visto comprometida
con el paso del tiempo.
Además,
en otras zonas como Mérida pasa lo mismo. Tenemos en este momento un asombroso
número de déficit de habitaciones y camas que es espeluznante.
Es
urgente la creación de una política que fomente la inversión turística en todo
el país, es necesario repotenciar el sector hotelero, lo cual se refiere no
sólo a los grandes hoteles de las transnacionales sino al fomento de
emprendedores y posaderos que poseen un impacto enorme en la economía y en el sector
turístico.
Es
cierto que tenemos una clase de turistas que buscan los hoteles 5 estrellas,
que prefieren el lujo. No obstante, tenemos otro tipo de turistas que valoran
más una experiencia de viaje más cercana a la realidad e idiosincrasia de cada
pueblo que visitan.
Incluso,
la tendencia mundial del turismo gastronómico, en muchos casos, está ligada a
las posadas. Sí, paquetes donde los temporadistas se hospedan en pequeñas casas
y donde tienen la oportunidad de conocer la comida de tal o cual ciudad o
región de infinidades de destinos en todo el mundo.
En
Venezuela tenemos que incentivar las posadas tanto en zonas como la Isla de
Margarita como en el occidente del país y en las bellezas naturales del sur de
la nación.
Y
esto sin dejar de mencionar la importancia de los centros campestres. Es decir,
en los llanos venezolanos existe el potencial necesario para que hatos y/o
haciendas se transformen en centros de hospedaje campestres de turísticas que
pudiesen estar interesados en vivir la experiencia de la faena de los llaneros
venezolanos.
Aquí,
el turista, podría arrear ganado, ordeñar vacas, presenciar una tarde de toros
coleados, ir a una pelea de gallos y mucho más. Esta es la diversificación y
empuje que necesita el turismo nacional. El gran problema es que no existe una
vocación turística o voluntad entre aquellos que tienen la responsabilidad de
tomar decisiones y aplicar políticas al respecto.
Como
siempre lo decimos, el turismo en Venezuela pudiera ser una gran oportunidad de
desarrollo nacional, sin embargo no hacemos nada al respeto. Me despido de
todos ustedes Desde Mi Ventanilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario