lunes, 11 de noviembre de 2019

Crisis hotelera


Ventanilla-. Sí, Venezuela sufre una crisis hotelera. Cuando observamos el universo de los prestadores de servicio en el área de hospedaje nos percatamos que estamos en números rojos.

Salvo la ciudad de Caracas, donde aún persiste la presencia de grandes, medianos y pequeños hoteles con una dinámica relativamente estable, en otras zonas turísticas del país nos percatamos que la realidad es paupérrima.

Por ejemplo en la Isla de Margarita, epicentro turístico nacional, nos hemos quedado asombrados como ha caído el número de hoteles realmente funcionales y operativos, y cómo la calidad de muchos de los que aún funcionan se ha visto comprometida con el paso del tiempo.

Además, en otras zonas como Mérida pasa lo mismo. Tenemos en este momento un asombroso número de déficit de habitaciones y camas que es espeluznante.

Es urgente la creación de una política que fomente la inversión turística en todo el país, es necesario repotenciar el sector hotelero, lo cual se refiere no sólo a los grandes hoteles de las transnacionales sino al fomento de emprendedores y posaderos que poseen un impacto enorme en la economía y en el sector turístico.

Es cierto que tenemos una clase de turistas que buscan los hoteles 5 estrellas, que prefieren el lujo. No obstante, tenemos otro tipo de turistas que valoran más una experiencia de viaje más cercana a la realidad e idiosincrasia de cada pueblo que visitan.

Incluso, la tendencia mundial del turismo gastronómico, en muchos casos, está ligada a las posadas. Sí, paquetes donde los temporadistas se hospedan en pequeñas casas y donde tienen la oportunidad de conocer la comida de tal o cual ciudad o región de infinidades de destinos en todo el mundo.

En Venezuela tenemos que incentivar las posadas tanto en zonas como la Isla de Margarita como en el occidente del país y en las bellezas naturales del sur de la nación.

Y esto sin dejar de mencionar la importancia de los centros campestres. Es decir, en los llanos venezolanos existe el potencial necesario para que hatos y/o haciendas se transformen en centros de hospedaje campestres de turísticas que pudiesen estar interesados en vivir la experiencia de la faena de los llaneros venezolanos.

Aquí, el turista, podría arrear ganado, ordeñar vacas, presenciar una tarde de toros coleados, ir a una pelea de gallos y mucho más. Esta es la diversificación y empuje que necesita el turismo nacional. El gran problema es que no existe una vocación turística o voluntad entre aquellos que tienen la responsabilidad de tomar decisiones y aplicar políticas al respecto.

Como siempre lo decimos, el turismo en Venezuela pudiera ser una gran oportunidad de desarrollo nacional, sin embargo no hacemos nada al respeto. Me despido de todos ustedes Desde Mi Ventanilla.

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