Por José Dionisio Solórzano
Ventanilla-. La industria de la aviación mundial posee un
matrimonio necesario con el turismo, son dos piezas necesarias en el desarrollo
de cualquier nación. En este momento muchísimos países basan sus respectivas
economías en el turismo, y en como esta actividad mueve las cajas registradoras
de privados y públicos, esto se puede hacer gracias a los prestadores de
servicios aéreos, mientras que éstos se benefician de las políticas de
promoción de turismo entre sus destinos.
En pocas palabras: No existe turismo sin aviación, ni aviación sin turismo. Sí, el
turismo necesita de las aerolíneas para traer de forma rápida, segura y
permanente a sus visitantes, mientras que las empresas de aviación aumentan sus
dividendos ante las políticas acertadas de promoción que los Estados emplean de
sus atractivos turísticos y aspectos diferenciadores.
Esto indica que una nación que no explote el
turismo y no posea conectividad aérea, posee una enorme limitante para
convertirse en un Estado realmente desarrollado, o en vías de hacer.
Este es el caso de Venezuela, un país que
jamás ha potenciados sus bellezas naturales, sus atractivos y sus lugares
exóticos y únicos, y que, además de todo esto, enfrenta una ruda realidad con
relación al tráfico aéreo y al número de aerolínea funcionando desde o hacia la
nación.
El Aeropuerto Internacional de Maiquetía, que
en otrora fuese uno de los puentes aéreos más importantes de Sudamérica, en
este momento está haciendo atendido por contadas empresas de aviación, esto a
raíz de los problemas económicos de la nación y de las sanciones que ha
recibido de los Estados Unidos de Norteamérica.
Pues, esto convierte a Venezuela en el mejor
ejemplo cuando la operatividad aérea se minimiza, y cuando el propio Estado no
invierte en la promoción de sus destinos hacia el mundo.
Ahora bien, la industria de la aviación crece
a pasos agigantados debido a que cada vez los índices del sector turístico
repuntan. Sí, es cierto, que muchísimas personas viajan por negocios, pero cada
vez más viajes a larga distancia, y los más apetitosos desde la óptica
comercial, se hacen por placer y no por trabajo.
Esto precisa que los pasajeros por “business”
poseen un menor impacto que aquellos que viajan por el simple goce de conocer y
disfrutar. Por ejemplo: ¿una aerolínea podrán contabilizar más pasajeros que
viajen a Roma a causa una reunión de trabajo o una oportunidad de negocio, o por
el simple gusto de éstos de conocer el Coliseo o la Ciudad del Vaticano?
Las empresas de aviación, de acuerdo con esta
apreciación, deben fomentar alianzas con los Estados para que persistan los
esfuerzos en aras del turismo, y los Estados tienen que abrir canales, y
facilitar procesos para que las compañías aéreas puedan operar con cada vez
menos restricciones, salvo aquellas dispuestas internacionalmente por el IATA.
La industria turística (aviación, prestadores
de servicios, hotelera, restaurantera, etc.) tienen cada vez más retos y más
metas que alcanzar. Mientras que yo, sigo mirando desde la ventanilla…
No hay comentarios:
Publicar un comentario