José Dionisio Solórzano /
@jdionisioss
Ventanilla-. Dentro de las
estrategias de turismo encontramos el uso de los “símbolos” para la atracción
de turistas a un determinado país, ciudad o área específica. Es una técnica
vieja, pero que constantemente se renueva y se mantiene su vigencia en el
tiempo, representando una opción real para aquellas naciones, como el caso
venezolano, que no ha sabido explotar la industria del turismo a plenitud.
Algunos ejemplos de esta estrategia del simbolismo, podemos
encontrar las emblemáticas pirámides de Egipto, las cuales más allá de su
importancia histórica se han erigido como un símbolo de las teorías de Ovnis y
de la influencia extraterrestre en el planeta.
Aunque para algunos de ustedes, estimados
lectores, pareciera esto descabellado, es increíble el número de pasajeros que
anualmente se mueven hacia Egipto solo para ver de cerca las pirámides y
preguntarse frente a ellas ¿será verdad que la hicieron extraterrestres? ¿Cómo lograron
los egipcios hacer una obra de semejante envergadura y de precisión matemática?
Estas preguntas hacen que decenas de miles de
turistas se trasladen a la tierra de los faraones, a ver las pirámides y
“sentir” las sensaciones de aquel lugar histórico, místico y sagrado.
Acá mismo en Sudamérica tenemos otro caso.
Los peruanos han explotado al máximo la zona de Machu Picchu y así como en el
caso de las pirámides de Egipto, muchas personas van a aquellas ruinas
históricas no solo a contemplar la arquitectura de los Inca, sino para
“percibir las vibraciones mágicas de aquel lugar”.
Por años se ha dicho que en Machu Picchu existen energías positivas y hasta curativas,
debido a las creencias de los antiguos pobladores de este punto del mundo que
fue epicentro de una ancestral civilización. Y, aunque usted no lo crea, la
venta de “la experiencia de las energías”, que es la promoción de algo
plenamente intangible, ha movido a millones de turistas hacia el suelo
peruano.
Los ecuatorianos han explotado el punto de la
latitud 0 de la línea ecuatorial; el hecho de que esta línea imaginaria, que
divide en dos al mundo, pase por este país ha sido un atractivo turístico que
ha movido su economía y generado miles
de millones recursos. ¿Malo? Malo no es.
Sin embargo, ¿cómo hacer o qué hacer para materializar
la estrategia del turismo simbólico en Venezuela? Fácil, lo primero es tomar en
serio la industria turística y trabajar para crear las condiciones para ser un
destino atractivo en el mundo.
Sobre elementos que explotar tenemos el Salto
Ángel (la caía de agua más alta del mundo), los Tepuyes con sus bellezas
naturales, poseemos la cavidad más antigua del mundo donde se están
descubriendo minerales nuevos en plena Gran Sabana, la Cueva del Guácharo, el Relámpago del
Catatumbo, la Isla de Los Roques,
podríamos explotar la “Ruta de los Piratas”, es decir, las costas atacadas por
los corsarios más sanguinarios de la historia (esto pudiera ser vendido), y
paremos de contar.
Venezuela posee escenarios naturales idóneos en los estados Amazonas, Bolívar,
Mérida, Zulia, Anzoátegui, Delta Amacuro, en definitiva en todo el país, lo que
nos ha faltado es una política coherente y eficiente para la promoción del
turismo nacional.
¿Cuál crees tú que pudiera ser el símbolo más
representativo para el turismo venezolano?
Me despido desde mi ventanilla. ¡Saludos!
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